Por el filamento de una bombilla

Redactado por: Miguel Fernandez
21-10-21

Cuando con él coincidía, como buen nonagenario siempre me contaba las mismas anécdotas de su vida pasada. Gallego de Madrid, decía que en todos los sitios había al menos un gallego; que incluso cuando los americanos llegaron a la luna encontraron un gallego haciendo una queimada. Manolo vino a Madrid en brazos de su madre y volvía a su Galicia natal siempre que podía, últimamente en la Residencia solo podía añorarla y esperar que alguno de sus hijos le llevara. Hoy después que el Covid se lo llevara, seguro que esté donde esté se habrá encontrado con paisanos a los que contará, como su padre murió por el filamento de una bombilla.

-¿Electrocutado…? Le pregunte la primera vez que me lo contó.

Y entre risas me contestó:-No hombre, las bombillas tenían tungsteno y este se sacaba de las minas de wolframio; “el oro negro” que era imprescindible para los blindajes de las maquinas de guerra y para la punta de los misiles anti-tanques.

-Mi padre era de Soutadoiro, y murió con 39 años de la enfermedad de la mina.

Las minas de wolframio estaban en Galicia, León, Salamanca, Huelva (Riotinto), Cáceres, etc. aunque El 90% del wolframio de España se extraía por aquel entonces en Galicia, en especial en las comarcas de Barbanza, Bergantiños, Xallas o Valdeorras.

Hace unos días mi amigo Ramón me contó que le habían encargado a su inmobiliaria la venta de una enorme finca en la que se encontraba una de estas minas cacereñas. Estoy convencido que tan magnífico profesional acabará vendiéndola rápidamente.

En la Segunda Guerra Mundial conseguir Wolframio fue un tema estratégico para la Alemania nazi, que lo adquiría a través de la España franquista. Esto, obviamente, provocó una crisis diplomática, los alemanes intentando conseguirlo y los aliados impedirlo, pero también produjo la desestabilización de algunas regiones españolas, como es el caso de Galicia. Fue una fuente de riqueza para España pero también una desgracia para los habitantes de las zonas donde estaban estas minas.

Como los alemanes lo pagaban a 4 veces el precio oficial, fueron muchos los lugareños que se dedicaron a extraerlo en plena época de hambruna de la post-guerra. Incluso algunos mineros, escondían pequeñas cantidades y luego de noche volvían a la mina para recuperarlas.

La cara amarga de este trabajo se ha descubierto con el tiempo: Al extraer el wolframio de las piedras de cuarzo se liberaba arsé- nico, lo que fue deteriorando la salud de los mineros por envenenamiento. Ellos lo llamaban la enfermedad de la mina pero en aquel momento todo se silenciaba.

De esta parte de la historia de España trata precisamente la película “Lobos Sucios” de Simón Casal, estrenada en 2016.

El wolframio o tungsteno es un metal contradictorio. Ha servido para alumbrar hogares de todo el mundo al ser el material de los filamentos de las bombillas y al mismo tiempo, su altísima densidad y dureza, con la temperatura de fusión más elevada de todos los metales y su mezcla con el acero lo hicieron -aún lo es- imprescindible para blindajes en maquinas de guerra. Ha servido por tanto para el bienestar de la humanidad, pero también para su destrucción. Industrialmente también se utiliza en maquinaria de corte, teléfonos móviles, circuitos eléctricos y distintos medios de transporte como trenes o aviones. Se trata de un material multiusos, indispensable para nuestra forma de vida.

En Europa hay tres explotaciones que se preparan para extraer un metal considerado estratégico para la UE; Bruselas se ha propuesto evitar el monopolio de China en este mineral.

Actualmente en Galicia quedan las minas de Lausame y Santa Comba y hoy, oía en las noticias que nuevamente España vuelve a abrir otras minas. La industria más antigua de la Península Ibérica, explotada ya por cartagineses y romanos, se resiste a desaparecer. En España,más de veinte proyectos para explotar cobre, wolframio, zinc, plomo o uranio, la crisis económica y el apoyo de la Administración juegan a favor; en contra, las turbulencias del mercado internacional de los metales y las advertencias de quienes recuerdan desastres medioambientales como el de Aznalcóllar

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