Blancanieves, Maléfica y los siete enanitos

Redactado por: El Afilador
15-07-21

Ya hemos descrito un montón el destierro, la infamia y la traición a la pretendida Blancanieves del Odón. También hemos tenido una buena ración de cómo las cavernas de Génova encontraron entre las cárcavas de Pozuelo y Alcorcón a Maléfica y su rehala de cuervos con remuneración; asignándoles la misión de hacerle morder la verde manzana de nuestro Vox, agridulce poisón, hasta sumirle en un letargo del que ya ni los más fieles logran retornarla a la razón.

Ahora es momento de centrarse en los siete enanitos de la flamante popular facción, aunque, querido lector, no esperes hoy que nos centremos en los más activos de entre ellos, a ellos solo un enumerativo renglón para que juegue tu intuición; por contra al enanito singular prestaremos más atención.

No consumiremos más que esta línea en mencionar al regidor Felizón, refocilándose de ser siempre el primero y el último en el mesón, del desayuno al almohadón; o al teniente Sabiondón, henchido de concejalías hasta mucho más allá de donde las musas limitaron su don; o al nuevo teniente Mocosón desparramando contratos cual convulsión, favores pasados son ahora su obligación; o al concejal Dormilón aburriendo al pueblo con su “por escrito” que solo él cree guasón; o a la expulsada Gruñón, presta en apartarse al fondo del odón, que al quitarle el pastón quizá pretende que le demos la razón; o al último en llegar, el concejal Vergonzón, encorvado bajo un pelucón, vano intento de ocultar su pobre disertación.

El resto de líneas serán para la concejala Mudita, nuestra perfecta calladita, prodigando alisados y regalados, del ayuntamiento segunda estrella del blog, mas en el pleno siempre silente, quizá no ausente, lo suficiente para que, aunque hablar con ella no va, así justificar su nunca soñada anual paguita de 45.000, más 15000 de seguridad social bien completita. Doblón a doblón, normal que se le mude la voz, tanto apetito por arreglar su hasta ahora parca pensión, que es normal que no dedique un minuto a preparar del pleno la sesión. Aún así, el pueblo paciente espera su primera disertación, confiemos en la ansiada lección. Dice el rumor que para qué hacerse letrado, si hasta ella encabeza educación; y a la postre, en el popular elector, confianza en el engaño, ya es secular tradición.

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