¿Cuándo florece la corrupción? Entre otras ocasiones, al reiterar nuestro voto a aquellos que incumplen o, aún más, incluso delinquen.

Hoy ampliamos nuestra deliberación y ponemos el foco en la candidez que mostramos cuándo reiteramos eternamente nuestro voto en la misma papeleta.

Redactado por: El Afilador
17-06-22
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En la primera entrega de esta prometida trilogía concluíamos que es el conjunto de los ciudadanos el propietario del poder que los concejales ostentan y es la legalidad quien impone límites a su actuación, alertando que los incumplimientos de los políticos son anticipo de posibles quebrantos.

Hoy ampliamos nuestra deliberación y ponemos el foco en la candidez que mostramos ante los posibles malhechores que pululan por las sedes partidistas cuándo reiteramos eternamente nuestro voto en una opción que nos haya mostrado que incumple y o incluso delinque.

Cierto es que los eslóganes vigentes no invitan a la evolución ni al progreso político, cómo sentirse interesado por invertir en algo nuevo cuando Ayuso y sus tabernarios nos proponen “atascos…, cerveza y… libertad” , u Olona y sus clones nos alegan “ patria, tierra, libertad y …” sin olvidar que las corrientes de izquierda nos marean con “eco-feminismo, proyecto de país y Yolanda te escucha”.

Tampoco sus actuaciones cercanas son acicate para el cambio de papeleta; con el PP enfangado en las campañas de las innecesarias elecciones anticipadas de Madrid, Andalucía, Castilla y León, que solo han servido para afilar los cuchillos de tabernarios y fontaneros en las carnes de los chiquilicuatres de Casado, con un coste de 40 millones de euros y que entre todos les hemos pagado. Las Andaluzas escalarán la batalla fratricida, ahora solo entre ayusistas y genoveses, y presagio que su desenlace cortará las alas de Feijooooóo el galleguista, y le hará ser simplemente Alberto, un pequeño Hamlet encerrado en Génova.

Mientras tanto, la posible alternativa de Vox, parece empeñada en enfangarse en sus incongruencias ante el neo internacionalismo soviético de Putin y los vínculos con sus tentáculos mediáticos, sin olvidar su cobardía para superar el rancio absentismo ante la explotación de las meretrices, como si un prostíbulo fuera un tema de debate homologable a los clubs de fumadores o a las partidas de caza.

Aún así los votantes hemos de aceptar que lo “que hace nuestra insatisfacción tan prolongada, la justicia tan lenta, al político tan insolente, al indigno tan ensalzado, al traidor tan confiado y al soberbio tan engreído” tanto en el Londres de Shakespeare como en el Villaviciosa de 2022, es simple y llanamente nuestra manía de no cambiar nunca el partido al que votamos •

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