Martín, el invisible

Redactado por: Miguel Sainz
15-09-21

La historia está plagada de horrores políticos. La perspicacia ciudadana siempre tildó a sus protagonistas con un apellido más allá del que se aprestaron sus progenitores a registrar en el libro de familia y, resulta que su otra familia, los villaodonenses, con la agudeza y penetración de la vista, del ingenio y el entendimiento han añadido a su alcalde el término que evoca un comportamiento, por asociar ideas, cuanto menos descriptivas.

Lejos quedan aquellos otros apelativos, "El Hermoso" porque Felipe era un hombre alto y de cuerpo torneado, con rostro gentil y ojos hermosos, de su faz destacaba una dentadura muy blanca y, de sus manos blancas, largas y de uñas muy bien cuidadas, destacaban sus movimientos y maneras suaves y amables; "El Breve" por la escasa estatura de Pipino, apenas 1,37 cm; "El Animoso" debido a la apatía congénita de Felipe V que revertía en cuanto iba a la guerra.

Y en estas andábamos y en otras también, cuando "El Hechizado" apareció por la puerta del reino español, pero, de todos los reyes, el mejor era "El Político", el conocido Carlos III, siendo el mejor Alcalde que tuvo la Villa de Madrid.

En nuestra villa no gobierna un rey, ni un político, ni un oftalmólogo, ni nadie, tanto es ansí que algunos le han llamado "El Invisible" debido a su natural observancia, esto es, su exquisito cumplimiento exacto y puntual de lo que se manda ejecutar, debido a una práctica, uso o costumbre recogida y autorizada con fuerza de ley por compilación oficial, tal y como se desprende del BOCM, donde se avino a publicar sus merecidas vacaciones de 38 días muy naturales y legales.

Si el trabajo es salud, que trabajen los enfermos. Su semblante acusa el esfuerzo de su ausencia pese a que ha mejorado la "coló" tras solearse en los chiringuitos, poner en boca algunos blancos, tintos y rubias junto con las tapitas, aperitivitos y racioncitas de "pescaito" y puntillitas, sin olvidar, por supuesto, la paella con la costra "socarrat" frente a la mar.

Algo de peso ha cogido que compensa la escasa importancia política del excelentísimo invisible. Ni siquiera Ayuso le proporciona sustento, es la levedad del Alcalde la que lo eleva a los cielos dejando las cosas terrenales en manos del viento. Somos nosotros los responsables, los ciudadanos no queremos nunca mejorar por la sencilla razón de que creemos ser perfectos. Nuestra vanidad es más fuerte que la miseria municipal en la que vivimos enterrados.

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